No fue impulsivo: así llegué al nomadismo digital

No fue que un día me desperté y dije: ¿sabes qué? voy a vender todo y me voy a viajar.
No. La verdad fue un proceso.

Tenía el privilegio de trabajar remoto y sentía que no lo estaba aprovechando al máximo. Pensaba:
¿cómo es posible que pueda trabajar desde cualquier parte del mundo y yo siga aquí?

Pero al mismo tiempo me decía: tengo mi espacio, mi privacidad, mi rutina. No tengo que preocuparme por dónde voy a dormir ni qué voy a comer. Entonces… ¿qué necesidad de incomodarme si estoy aquí, en la zona de confort que tanto me demoré en construir?

Yo sé que muchas personas dicen que para que haya cambios y crecimiento hay que salir de la zona de confort, pero también soy consciente de que la vida en sí ya es bastante caótica y llena de situaciones incómodas.
Viví muchos años cargando responsabilidades y obligaciones. Todos mis veintes me dediqué a estudiar, trabajar, cuidar, limpiar, resolver, pagar, hacer… on repeat. Hasta que por fin llegué a un punto donde tenía tranquilidad, mi zona de confort, mi lugar seguro.

¿Y ahora me vas a decir que tengo que salir del lugar que tanto me costó construir para crecer?
No, gracias.

Así pasé siete años trabajando remoto desde la comodidad de mi casa.

Pero pasó algo… mi comodidad me empezó a incomodar. Y tal vez se despertó en mí eso que ahora llamamos FOMO.
¿Y si me estoy perdiendo de algo más? El mundo es tan grande y hay tanto por conocer… y si tengo el privilegio de hacerlo, ¿por qué no?

Como la mujer estructurada y controladora que soy, no me lancé sin antes hacer un pequeño simulacro. Una prueba. Quería sentir cómo era viajar y trabajar al mismo tiempo.
Así que planeé un viaje de un mes a Chile, con el propósito —además— de visitar a dos amigas muy queridas que no veía hace años.

Y como ya sabemos… me encantó.

Conocí un montón de lugares nuevos, probé comida diferente, conocí personas y, además, me di cuenta de que sí era posible balancear el trabajo con el viaje. Aprendí a ser más práctica: encontrar lugares para trabajar, improvisar oficinas y simplemente disfrutar del nomadismo digital.

Cuando regresé a Colombia lo tenía claro: me voy a vivir esta aventura.
Lo “peor” que podía pasar era que me aburriera y me devolviera.

Compré tiquete de ida, entregué el apartamento que rentaba, vendí y regalé mis cosas… y me fui.

Soy consciente de dos cosas:

  1. No todo el mundo puede hacer lo que yo hice.
  2. Tampoco es para todo el mundo.

Sé que soy una bendecida y afortunada por tener un trabajo remoto (que tampoco fue fácil llegar hasta aquí, pero eso será otro blog sobre cómo encontrar trabajo remoto). También soy una hippie de corazón, bastante desprendida de personas y objetos. Me gusta la soledad y tengo la energía que viajar requiere, porque amigas… el nomadismo es alto voltaje.

Esas nómadas que llevan cinco años viajando, ¿qué? ¿cómo no se cansan? En fin.

Esta es mi historia. Como te darás cuenta, no fue un acto impulsivo, sino calculado y planeado. Básicamente, jugué lo mejor que pude con las barajas que tengo en la vida.

Espero que este blog te sirva de inspiración si estás pensando en irte de viaje, aunque sea cortico.

Si este texto resonó contigo, te leo en los comentarios.
Y si quieres seguir viajando conmigo, puedes suscribirte aquí 🤍

Deja un comentario